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Proximitat

a

les

botigues

històriques

de

Ciutat

Vella

La memoria condensada en los comercios históricos de Ciutat Vella se vió amenazada por una pandemia que redujo drásticamente el consumo y generó una animadversión hacia la cercanía y el tacto. No obstante, descubrimos en estos rasgos de la proximidad una irrenunciable posibilidad de resiliencia, cuidado y continuidad.
Tiziano Schürch i Joan Ramon Cornellana

Amenazas y resiliencias durante la pandemia del COVID-19.

Barcelona es una ciudad eminentemente comercial. Su tejido urbano y social está íntimamente ligado al pequeño comercio ubicado en la planta baja de sus edificios: la botiga. Se trata de la tienda tradicional que vende productos de consumo cotidiano y que, en oposición al centro comercial ubicado en las afueras, se ha dado en llamar “comercio de proximidad”. Entre las tiendas tradicionales, existen algunos casos de negocios históricos, en tanto han permanecido activos durante decenas y, en algunos casos, más de cien años. Estos lugares son concensadores de una larga memoria que se ha ido depositando en los materiales que conforman el espacio. Son lugares de una singular resiliencia, que han sobrevivido a guerras, crisis, pandemias, incendios e inundaciones. Han sobrevivido al cambio de sistemas políticos y comerciales. La pandemia causada por el Covid-19 supuso una nueva y grave amenaza para estas tiendas que, en algunos casos resultó insalvable.
Durante el curso 2020-2021, en la asignatura que impartimos en la ETSAB, nos propusimos capturar la enorme riqueza material y humana que permanece en estos espacios. Desde una mirada pegada a las cosas descubrimos la huella de la vida depositada en la materia a través de gestos ordinarios repetidos una y otra vez. Esta mirada atenta a lo cotidiano unida a un tacto sensible que recorre la materia nos permite captar un espesor mayor de la noción de “proximidad” que habitualmente se atribuye a estos comercios. Así, la “proximidad” que caracteriza estas tiendas no afecta solamente a la cercanía espacial con el consumidor, sino a las propias relaciones humanas (a menudos familiares) que lo sustentan, a los lazos vecinales que despliega y a la intimidad que construye entre las personas y el producto. Estas tres dimensiones han sido amenazadas por la lucha contra el Covid-19, que interpuso distancias de seguridad en toda manifestación de proximidad. Aun así, el legado de la tienda tradicional permanece como una posibilidad de proximidad y resiliencia tanto más necesaria cuanto mayor es la experiencia humana de vulnerabilidad y fragilidad.